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Queridos amigos de Alameda desde el dolor y el amor tenemos que informaros de que Eric Rolf, nuestro maestro, partió ayer 20 de Agosto en su último viaje.

Es imposible expresar con palabras, ya sean pocas o muchas, lo que Eric ha supuesto en la vida de cada uno de nosotros. Es imposible, si no lo conocisteis, haceros llegar su cariño, su calor, su interés por cada una de las personas que se acercaban a él. Haceros ver su sonrisa, su mirada.

Se ha marchado, pero mucho de él queda con nosotros y no morirá nunca.

Su mensaje está presente en sus libros, en sus escritos, en su web, y, lo que es más importante, en nuestro interior.

El creó el paradigma del Camino del Sabor, en el que se incluye la Medicina del Alma, y nos invitó a caminar por él para vivir “de cara al viento”, alineados con la vida, hasta conseguir el éxito, al que llegaremos todos, el propósito de vida por el que decidimos venir a este mundo.

Una de las frases favoritas de Eric era que el Universo estaba increíblemente bien organizado, que nada ocurría por casualidad y que todo lo que nos ocurre en la vida nos apoya de una forma u otra. Dentro de estas premisas nos gustaría encuadrar su tránsito. Su camino había terminado y nosotros ya estábamos preparados para volar solos, como la gran familia de Águilas que somos.

Gracias por todo Eric, te amamos y te amaremos siempre.

Gracias por todo lo que nos has dado, por todo lo que nos has enseñado, por hacernos ver eso tan sencillo y difícil, a un tiempo, de que a este mundo hemos venido, tan solo, a Escuchar, Sentir y Dar.

Eric, no te olvidamos. Hasta siempre. 

 eric agua

 

 

Regalo de despedida de Eric Rolf:


Hola Amigos.

Hoy, solo quiero darte un regalo. 

El Gran Secreto Perdido de La Felicidad

Primero, 5 puntos que son ciertos y que quizás, ya sabes, pero vale la pena recordarlos: 

La búsqueda más universal es la de “La Felicidad”.  También  la felicidad es la búsqueda mas frustrante.   

La Felicidad es algo sencillo… Solo se conoce viviéndola.  Todos hemos tenido momentos cuando reconocemos: “En este momento soy feliz”.  La gran mayoría de las personas, por no decir todos, y tú entre ellos están buscando la felicidad.

¿Estás buscando la felicidad?  ¡Olvídalo! 

Nadie consigue la felicidad buscándola, ni en algo material, ni en algún evento o resultado, ni en alguna otra persona.  La Felicidad, simplemente, no se encuentra. 

¡La Felicidad ES el punto de partida! 

Repito:  ¡La Felicidad ES el punto de partida! 

Es desde la felicidad que uno es capaz de imaginar proyectos que realmente te inspiran, te enamoran y que aportan valor a los demás en muchos sentidos. 

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Espacio para compartir

Cómo conocí a Eric

En esta vida todo nos llega cuando estamos preparados para ello y tan sólo cuando estamos buscando o, por lo menos, cuando estamos suficientemente atentos para poder reconocer y aprovechar aquellos regalos que la vida nos pone delante.

Hoy me gustaría compartir con vosotros cómo fue mi llegada a la Medicina del Alma y cómo conocí a Eric Rolf.

Voy a empezar mi relato, por poner una fecha, como si eso fuera importante en el continuo de nuestra vida, con el episodio de infarto de miocardio con que la vida me regaló hace ahora casi 15 años. En aquella época la persona que yo recuerdo estaba viviendo una temporada de mucho estrés, de mucho ruido, de estar muy fuera de ella misma, corriendo siempre, sin saber de qué quería escaparme ni a donde quería llegar. Aunque yo no fuera consciente de ello necesitaba detenerme, parar esa carrera loca en la que estaba inmerso y fue entonces, para concederme reposo y tiempo, cuando la vida me “regaló” un infarto.

A pesar del tiempo transcurrido creo recordar de una forma vívida el episodio. Recuerdo el dolor intenso y el trayecto en coche hasta el hospital, la tranquilidad al ingresar en él, con la sensación de que ya había llegado a donde tenía que estar y la vivencia de que todo aquello no tenía nada que ver con el hecho de morirse, que aquello era otra cosa, que tenía otra finalidad y que todo iba a acabar bien. Recuerdo la sensación al despertar de los sedantes, la alegría por estar aquí, por seguir vivo; una alegría plena, sin adjetivos, y que lo llenaba todo. Ya entonces me refería al infarto como un regalo o como una de las mejores cosas que me habían pasado en mi vida lo que provocaba la extrañeza y, en ocasiones, un cierto enfado entre las personas que me rodeaban.

Recuerdo que en días y semanas posteriores era muy consciente que mi vida había cambiado y que tenía que seguir cambiando si no quería repetir el episodio, así que tenía que buscar ayuda para aprender a vivir de otra manera, recurriendo entonces a lo que conocía y estaba a mi alcance: psicólogos y psiquiatras. Unos tres meses más tarde me realizaron unas pruebas para ver el estado de mi corazón y como, pese a que me habían diagnosticado un infarto importante, los resultados demostraban que estaba casi normal, que tan sólo se veía una pequeña señal del mismo y eso porque sabiendo el diagnóstico, se habían dedicado a buscarlo mucho.

Cosa rara, no me sorprendí por esos resultados, casi era lo que esperaba, y tampoco me cuestioné cómo era posible cuando según la ciencia el músculo necrosado no se recupera.

Un tiempo después, y a través de unos amigos oí hablar, por primera vez y de una forma indirecta de Eric Rolf y la verdad es que no me causó una buena impresión, lo que escuchaba me sonaba “raro” y con un cierto tufillo a algo sectario que me predisponía en contra. El tiempo fue pasando, supongo que yo iba cambiando, así como mi visión del mundo y de las prioridades en mi vida y Eric, de vez en cuando, iba apareciendo en conversaciones y, de alguna manera, iba despertando mi curiosidad. Era como si, de alguna forma extraña me estuviera llamando, hasta que un día me invitaron a ir a un curso suyo cuyo tema, que causalidad trataba sobre el amor, el único que ha dado en Barcelona sobre él, que yo sepa. Lo justo para una persona con un problema de corazón.

Mi primer contacto con Eric me impresionó. Aquella manera suya de mirarte en que eras consciente de cómo te estaba viendo, aquel “adivinar” tantas cosas de tu vida y de la los demás…pero lo más curioso era que todo lo que hablaba, todo lo que decía me tenía sentido, era como si fuera algo que yo hubiera sabido siempre y que él, con sus palabras, me estuviera recordando. Entendí como los corazones podían recuperarse ya que éramos nuevos cada día, segundo a segundo y como lo que estaba averiado podía estar reparado al segundo siguiente. Recuerdo poco y mucho de aquel curso, pues las cosas importantes de la vida, y tal vez todas lo sean, no pueden medirse en términos de cantidad sino de cualidad, pero sé que a partir de aquel día reconocí en Eric al maestro que había de enseñarme eso tan difícil, o tan sencillo, de que a esta vida hemos venido a tres cosas: escuchar, sentir y dar.

por Luis Hernández

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